La Deuda, espionaje verosímil

Cuando te propones ver 100 películas en un año en el cine, y en septiembre solo has visto 32 te entra la necesidad de ver todo lo que puedas para que, si bien es improbable alcanzar dicho objetivo, por lo menos estar lo más cerca posible. Así fue como llegué a ver La Deuda, de John Madden (Shakespeare in Love). La película trata sobre la historia de tres agentes del Mossad y su intento de ajusticiar a un médico carnicero de la Alemania Nazi. Lo que hace llamativa a esta película no es su trama en sí, sino la forma de abordarla, de un modo creíble y realista, demasiado en algunos momentos. La narración, contada sin orden cronológico, está estructurada para que el espectador no vea venir los giros de guión demasiado pronto. Con un reparto solvente, destaca que Sam Worthington se desligue de papeles anteriores y la aparición de Jessica Chastain, que le aguanta el tipo a la versión viejuna de su personaje interpretada por Helen Mirren.

La Deuda es una de las películas más solventes que ha realizado Miramax desde que los Wenstein salieron por patas de allí, además reconcilia en parte a Madden con el público después del bodrio insoportable y soporífero que representó en La Mandolina del Capitán Coreli. El guión, adaptado, consigue mantener el interés del espectador y realiza los giros justos para lograrlo. La realización es correcta, manteniendo en todo momento el mayor realismo posible, tanto en la acción como en la relación entre personajes, su gran virtud pero también, en parte su defecto. El público normalmente quiere que una película termine en alto, en un clímax, en un momento especialmente intenso, pero el realismo que destila La Deuda hace que ese momento final sea soso y descafeinado.

 

El reparto, como menciono más arriba, está más que correcto, aunque alguna elección de casting podría haber sido mejorable. Cuando se representa a un personaje en más de un momento de su vida, hay que intentar que los actores al menos tengan un aire. Con Marton Csokas y Tom Wilkinson lo clavan, sin embargo resulta chocante que Sam Worthington degenere en Ciarán Hinds.

 

En conclusión, la deuda es una película entretenida, pausada pero con el ritmo correcto, con unos puntos fuertes muy bien definidos y delimitados, con personajes cuidados y con una interacción muy interesante. Hay aspectos mejorables, como la banda sonora que pasa desapercibida. No estamos antes un clásico ni ante una película de las que marcan épocas, pero si ante un producto medianamente original, muy solvente y que dado el escaso nivel de la cartelera de éste 2011 se agradece.

3 pensamientos sobre “La Deuda, espionaje verosímil”

  1. 100 películas en el cine?? casi uno de cada 3 días, qué bruto eres, no? xD
    muy bien muy bien, ahí apoyando el negocio de los cines.

    (De la crítica no digo nada, no la leo porque no acostumbro a leer críticas antes de haber visto las pelis.)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *