Drive, película redonda

Cuando vi Drive por primera vez no sabía mucho de ella, solo vi un cartel y un amigo mío me había comentado que le parecía muy buena. No me quiso decir mucho sobre la trama, así que iba un poco a ver que pasaba. Es una película complicada de describir sin destriparla, pero baste decir que maneja el ritmo narrativo como pocas he visto últimamente y consigue ir in crescendo según avanza, comenzando con la calma más absoluta hasta llegar a la tensión más absorvente. El guión puede que no sea ninguna obra de arte, siendo muy bueno, pero es la forma en la que está rodada, iluminada y montada la que le dan personalidad a la película, así como el uso de la banda sonora, que es un elemento indispensable y no un mero acompañamiento como en la mayoría de las producciones actuales.

Siempre que alguien me pregunta “¿de que va Drive?” le respondo “de un tío que conduce”, no por nada, podría explicarle perfectamente la trama, pero entonces perdería el interés y no apreciaría todo que he mencionado antes. Drive es conducción, pero no conducción chustera y flipada tipo Fast Fourius o la puta basura The Transporter, es conducción en su justa medida, con persecuciones creíbles pero intensas. Drive es también violencia, pero una violencia impactante, que aparece en el momento que tiene que hacerlo y de forma que el espectador no sea indiferente a a la misma. Drive es crudeza sentimental, sin mariconadas.

 

Otro de los grandes aciertos de Drive es el reparto. Habrá quien diga que Ryan Gosling es inexpresivo, se equivocan. Clint Eastwood, un hombre que nunca ha sido histriónico, pero que con tan solo fruncir el ceño o fijar la mirada transmitía emociones, como le ocurre a Gosling en esta película. Por supuesto que hay casos como Keanu Reeves que son muñones interpretativos y además mono-faciales, pero es que no tiene nada que ver uno y otro concepto. Gosling consigue transmitir los cambios en el personaje sin necesidad de hacer malabarismos faciales. Otro que lo clava es Bryan Cranston, con quien a todos se os hace el culo agua por Breaking Bad pero que ya lo petaba cuando hacía del padre de Malcom. Carey Mulligan se mete muy bien en el papel de pavisosa. Ron Perlman hace muy buen papel y Albert Brooks realiza una interpretación muy convincente.

 

Es la primera película que veo de Nicolas Winding Refn, director, pero me ha soprendido muy gratamente. La película tiene un montaje perfecto, todas las escenas están hiladas a la perfección, todos los planos están escogidos, las transiciones son magníficas y consigue la rareza de que ni le sobre ni le falte nada. La estética es brutalmente ochentera, pese a que la acción transcurre en el siglo XXI. Desde la tipografía a la espectacular banda sonora a golpe de sintetizador, hasta el vestuario, simple, efectivo y definitorio. La chaqueta blanca con el dibujo del escorpión dorado del protagonista se ha convertido ya en un elemento identificativo de Drive, del mismo modo que puede ser en los videojuegos la gorra roja de Terry Bogard en Fatal Fury.

 

En definitiva, Drive es una película que merece la pena ver, sinceramente no se me ocurre que se puede decir malo de ella. No es la mejor película de la historia, para mí ni siquiera de la década, lo que si le tengo que reconocer es lo redonda que es, muy pocas veces sale algo tan perfecto, aunque a veces prefiero la imperfección.

5 pensamientos sobre “Drive, película redonda”

  1. A mi al principio me descolocó mucho el encontrarme esos títulos de crédito y esa música a lo Giorgio Moroder que me devolvió a mis 17-18 años.

    Es una película en la que las cosas suceden muy poquito a poco, pero la violencia aparece rápido y desaparece rápido para volver al remanso inicial.

    Para terminar, esa inexpresividad de Gosling me causa incomodidad, pero esa incomodidad me ha hecho disfrutar, así que voy a pensar que es mérito de los hacedores de la película.

    En resumen, que al que le guste ir al cine, que vaya a verla, no se arrepentirá.

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