Midnight in Paris, una simpática comedia

No soy en absoluto una de esas personas que nada más oír que Woody Allen ha sacado una nueva pierdo el culo para ir a verla, total, todos los años saca una, ni que se tomara el sacar algo inédito con la calma que lo hace Quentin Tarantino. El caso es que no las he visto todas, pero sí suficientes para afirmar que no se encuentra entre mis directores favoritos, aunque es posible que me influyera el hecho de que la primera suya que vi fue Todos Dicen I Love You, que es bastante mala. El caso es que sí que hay una película de Allen que me apasiona, que es Match Point, primero porque es un peliculón de intriga y segundo porque él no actúa. Este último punto lo tiene en común con su útima película, Midnight in Paris, que no se le ve el pelo. Quizá sea este detalle, pero el caso es que su último estreno hasta el momento me parece una película simpática y agradable de ver, nada cargante, aunque si bien es cierto tampoco creo que sea una cinta que marque época.

Midnight in Paris es una comedia fantástica, no me refiero a fantástica de magnífica, sino de fantasía. La historia trata sobre un escritor bloqueado (Owen Wilson) que viaja a París con su prometida (Rachel MacAdams) y blablablabla total, que la prometida es una cansina que no para de verse con un antiguo amigo y entonces el pobre Owen (lo cual me recuerda que este hombre estuvo a punto de suicidarse no hace tanto) empieza a viajar por el tiempo en un Peugeot de los años 20. Todo esto sirve para plantear el conflicto interno del personaje y su bloqueo creativo y como influye que vaya conociendo a sus ídolos artísticos. Todo esto contado con cierta gracia, según el personaje, del que sobresale espectacularmente Adrien Brody haciendo de Salvador Dalí, sobre todo porque es increíble como consigue este hombre hablar inglés con un acento español horriblemente real.

 

La película no es para nada aburrida, ni pesada, ni se hace larga, tiene un buen reparto y técnicamente es correcta. El problema es que sí, es una película que la ves y piensas “está bien” pero luego no te planteas el volver a verla, o te deja el culo pegado al asiento una vez termina, es simplemente un buen rato, que tal y como está el patio no está nada mal.

 

Lo que no me parece normal es la obsesión que tiene mucha gente por Woody Allen. Es decir, con Allen pasa como con los Beatles, que todo el mundo dicen que son la ostia en verso sin haber oído toda la discografía, o haber visto la filmografía. Allen es un buen director, pese a que no sea fan suyo, pero de ahí a que tenga que recibir nominaciones y elogios por decreto hay un trecho. En el caso de Midnight in Paris gracias a su nombre ha conseguido que una película agradable y simpática esté nominada a los Oscars, cuando es muy probable que la misma cinta dirigida por un director novel pasara sin pena ni gloria.

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