Intocable, una comedia de la que hay mucho que aprender

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Imaginad que una película es un plato de cocina, para el que tienes unos ingredientes, y con ellos te tienes que apañar. No es ningún secreto que según a quien le des una patata y un huevo te hará una tortilla, un huevo frito con patatas, un puré con un huevo duro o una mierda pinchada en un palo tipo cocina deconstruida de Ferrán Adriá. Ahora pensad que los ingredientes de vuestra película son un inmigrante y un parapléjico rico, no hace falta ser muy listo para saber que en según que países, cocinaría un dramón lacrimógeno cargado de denuncia social facilona de esta que te hace ganar premios y que tanto gusta a los que dan premios de cine, o bien un dramón efectista en busca del Oscar perdido. Pues bien, Intocable no es nada de eso, al contrario, es una de las mejores comedias que se han estrenado en los últimos años y el último ejemplo de que el mundo del cine en general tiene mucho que aprender de la industria francesa, capaz de arriesgarse con todos los palos y ser solvente en la mayoría. Porque con un tema tan delicado como es la relación entre un inmigrante parado que empieza a trabajar de asistente minusválido hay que ser muy hábil, y muy crack, para conseguir una comedia que transmita buenas sensaciones sin caer en la sensiblería, la cursilería o el panfleto facilón. Desde aquí solo puedo aplaudir a Olivier Nakache y Eric Toledano por haber creado a partir de una historia real una comedia amable a la vez que gamberra pero con buen gusto con un tema tan sensible, bravo.

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