Metal Gear Solid 4, o como hacer llorar al cine mediocre

Siempre me han gustado las buenas historias. Me da igual que sean en cine, televisión, comics, literatura… incluso videojuegos. Por eso cuando hace ya muchos años jugué a Metal Gear Solid me sorprendió gratamente, primero porque era un juego entretenido, pero segundo por el pedazo de guión que tenía. Hasta entonces los únicos juegos con guión eran, casi, exclusivamente los RPGs, por eso un juego de acción con un guión tan brutal me impactó. Sin tener nunca una consola de Sony me las he apañado para jugar a la saga, y así he llegado a Metal Gear Solid 4, un juego donde lo de menos es el juego, si no el arte que ha tenido Hideo Kojima para cerrar una historia. Estoy completamente seguro de que en muchos rincones del planeta, muchos guionistas de series de televisión están llorando en un rincón por ver como un videojuego es capaz de contar con una trama tan compleja y cerrarla tan magistralmente.

No voy a entrar a analizar mucho la jugabilidad del título. Siempre me gustó mucho la de la primera entrega porque era sencillo y claro, luego lo fueron enrevesando y perdí el interés en la parte jugable pero me seguía llamando mucho el guión. El problema en este aspecto es que MGS4 es menos compacto que MGS3, pero claro, es el precio a pagar por cerrar una saga de manera convincente y revisitando lugares importantes. Aunque claro, hay un par de momentos jugables, en concreto dos peleas cuerpo a cuerpo que compensan el resto.

 

A través de 5 actos, cada uno en un lugar distinto, asisitimos al ocaso de Solid Snake y al cierre de todos los cabos abiertos de la serie. El inicio es algo lento, pero según avanzas la historia va creciendo, y a partir del final del tercer acto asistimos a un curso magistral de cómo provocar emociones mediante un entretenimiento audiovisual interactivo.

 

Kojima tiene detalles como dejarnos jugar un poco a lo que fue MGS1 en determinado momento, o que en los flashbacks se respete el estilo gráfico de las anteriores entrega, algo que han hecho siempre. Toda esta coherencia visual, donde no hay gráficos pre-renderizados y donde se integra todo lo anterior ayuda a la sensación de coherencia narrativa.

 

El gran mérito de MGS4 no es solo cerrarlo todo de forma coherente, es su capacidad para transmitir emociones al espectador. Hay varios momentos a lo largo del juego, donde Kojima consigue transmitir emociones que muchos directores de cine no lograrían en siglos. En el último acto hay dos momentos que trasmiten una sensación de stress e impotencia que rara vez he visto en cine. Es más, la batalla final, salvando las distancias, es al mundo de los videojuegos lo que los duelos de Leone al cine.

No hay que dejar de lado la banda sonora, brutal la oigas por donde la oigas. Nunca he sido un gran fan de Harry Gregson-Williams, aunque de vez en cuando sea capaz de hacer cosas maravillosas como en The Town. Lo cierto es que su participación en la saga MGS es muy buena, y en esta entrega tiene temas absolutamente magistrales. A todo ello hay que sumarle el acierto de usar al final un tema adaptado de Ennio Morricone, el mejor compositor del siglo XX sin lugar a dudas.

En definitiva, Metal Gear Solid 4 es una de las experiencias más gratas que se puede tener frente a una videoconsola. Es verdad que como experiencia jugable está lejos de marcarte como jugador, mismamente el Castlevania Lords of Shadow es más intenso en ese aspecto, pero es en el aspecto cinemático donde reside la grandeza de MGS4. Es tan intenso que si lo sacaran como un juego QTE no me parecería mal. Con algo tan redondo el problema es que si algún día llega una secuela tendrían complicadísimo alcanzar algo tan bueno a nivel argumental, pero es como todo, si en el futuro la caga siempre nos quedará este como el auténtico final.

4 pensamientos sobre “Metal Gear Solid 4, o como hacer llorar al cine mediocre”

  1. De hecho, ya hay anunciada secuela, MGS5. Para mí, al igual que para muchos otros, MGS4GotP es el mejor ejemplo de cómo hacer que una saga teng un final memorable a todos los niveles, pues es el único juego con el que de verdad he llorado como un infante.

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