La gran apuesta, patada en la cara del “cuñadísmo”

lagranapuestaEn los últimos años ha surgido la figura del “cuñado” para denominar a lo que toda la vida se ha llamado “un listo”. Es decir, ese tipo de persona que según asoma sabe de todo más que nadie, suelta perogrulladas y repite hasta la extenuación los mantras de las voces provenientes de la caverna mediática. Sin entrar en valoraciones políticas, una de las frases favoritas de estos seres es “la culpa de la crisis la tiene Zapatero” y “con la construcción sí que se vivía bien”. ¿A cuento de qué viene todo esto? Pues viene a cuento de que La gran apuesta es una magnífica película que, desde la comedia, es capaz de hacer ver al más borrego las causas de la mayor crisis financiera del siglo XXI de una manera clara, entendible, entretenida y con un montaje e interpretaciones más que sobresalientes candidata a película del año.

Adam McKay es conocido en el mundo del cine por haber dirigido películas de Will Ferrell; de hecho La gran apuesta es su primera cinta sin él en el reparto. Como escritor cabe destacar su aportación al guión de la reciente Ant-Man, de la que hicimos podcast hace unos meses. Con estos antecedentes tampoco estaba muy claro hasta qué punto sería capaz de adaptar con éxito de Michael Lewis, autor también del libro en el que se basó Money Ball. Lo que sí ha quedado claro, una vez vista la película, es que estamos ante uno de esos ejemplos de cómo una película que trata un tema delicado y comprometido puede ser a la vez instructiva y desternillante.

El gran acierto de la película es contar cómo algunas personas fueron capaces de prever la estafa macroeconomía que llevó al crack de 2008 de una manera original, divertida y entendible. Y esa es la clave, conseguir un equilibrio con unos ingredientes tan dispares y que el espectador salga del cine a la vez encantado por lo que he visto y cómo se lo han contado pero cagándose en la madre que parió a las agencias de recalificación, al fraude de la burbuja inmobiliaria y un sistema podrido hasta las raíces. A ello ayuda un montaje ágil que sitúa al espectador en cada momento de la historia y que rompe cuando es necesario la cuarta pared.

De todas formas, pese a estar muy bien dirigida, pese a tener un guión sobresaliente, lo mejor de la película es el reparto. Dejando de lado polémicas sobre porque Christian Bale está nominado al Oscar en vez de sus compañeros, todos están sobresalientes. Ryan Gosling demuestra, como ya ha hecho en muchas ocasiones, que no es un palo cuando le dan el papel apropiado. Brad Pitt, que como productor se reserva un papelillo, está correcto. Aunque por encima de todos ellos destaca Steve Carell. El año pasado ya lo demostró en Foxcatcher, y como cómico posiblemente sea el mejor actor de su generación, pero en esta película se sale. Entre los secundarios cabe destacar, sobre todo, el papel de Jeremy Strong como uno de los miembros del equipo de Carell.

En definitiva, La gran apuesta es, posiblemente, la mejor película sobre economía desde que Oliver Stone parió la primera entrega de Wall Street. Pocas veces uno sale del cine con esa sensación de satisfacción de haber visto un producto tan completo y con unos sentimientos tan encontrados.

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